Terapias y Actividades Asistidas con Animales

TAA. (Terapias asistidas por animales).
AAA. (Actividades asistidas por animales).

NOTICIAS DE INTERÉS

¿Qué son?

Para definir que son las TAA y las AAA, vamos a seguir la definición que de ellas da la Delta Society. (Organización Internacional sin ánimo de lucro cuya finalidad es “promover la ayuda de los animales para mejorar la salud de las personas, su independencia y su calidad de vida”).
Según Delta Society, la TAA “implica que un profesional sanitario o especializado en el cuidado humano use un animal que cumple criterios específicos, como parte integrante de un proceso de tratamiento que persigue unos objetivos específicos”.
El proceso es dirigido por un profesional experimentado, encargado de fijar los objetivos, medir los progresos y evaluar el proceso y los resultados.
Las TAA son diseñadas para producir mejoras en los ámbitos físico, social, emocional y cognitivo de una persona.

Las AAA, son actividades de carácter lúdico, posiblemente con resultados terapéuticos, pero sin la necesidad de ajustarse a un marco de rigor científico.
Son actividades que persiguen un objetivo para la mejora de la calidad de vida del usuario mediante el uso del vínculo persona-animal.
Las mismas actividades pueden repetirse para diferentes personas ya que no están diseñadas para una persona en concreto, no se busca un objetivo específico para cada sesión, no es necesaria la evaluación posterior y no requiere la presencia del terapeuta (Gammonley et al., 1996).
Este tipo de práctica proporciona una motivación a personas que se encuentran en situaciones de dificultad, consiguiendo resultados significativos en los aspectos físicos, mental, afectivo, emocional y cognitivo.

Diferencias entre TAA y AAA.

Según los Standards of Practice, de Delta Society, la diferencia básica reside en que la TAA debe contar obligatoriamente con los tres puntos siguientes:
- Debe ser dirigida por un profesional de la salud.
- Debe tener unos objetivos específicos, definidos con antelación.
- El progreso debe ser debidamente documentado.
Las AAA pueden contar con uno o más de uno, pero no necesariamente los tres.

Fundamentos históricos del vínculo persona-animal.

En el siglo XXI, la influencia de los animales en el ser humano es fácilmente apreciable en la observación de uno de los pilares de nuestra sociedad de consumo, la publicidad.
Los publicistas recrean en los anuncios nuestro ideal de una sociedad feliz, de una familia feliz, y la foto de esta familia no está completa sino aparece un animal de compañía.
Los animales forman parte de nuestra cultura, utilizamos su imagen con diferentes objetivos en la literatura, la televisión, el cine, la publicidad, los dibujos animados, etc. Los dotamos de ciertas características y valores porque su imagen potencia el mensaje a transmitir, es leal, sincero, no entiende de hipocresías y nos permite depositar nuestra confianza en él.
Las conclusiones de diversos estudios demuestran la influencia positiva de los animales en nuestro estado de ánimo y en la percepción de las personas.
En uno de ellos un grupo de adultos reconocían a las personas que aparecían en diversas escenas como más amistosas, felices y menos amenazadoras cuando las escenas incluían animales (Lockwood, 1983). Otro estudio similar con idéntico resultado fue llevado a cabo por Rossbach & Wilson, (1992).
De la relevancia de los animales de compañía en nuestra sociedad actual se aportan datos como los proporcionados por una encuesta de la OCU de fecha 26/07/2005 que revela que un 46% de los hogares españoles tiene un perro como animal de compañía, mientras que en un 23% es el gato quién ocupa este lugar. Más de un 50% de las familias disfrutan de la compañía de uno de estos animales.
Este no es un dato relativo a un lugar y a un espacio de tiempo concreto, las cifras son similares en el resto del mundo occidental, aunque evidentemente dependiendo de factores socioeconómicos, en mayor o menor medida. Según el Doctor Marty Becker, cerca del 80% de las familias adquieren algún tipo de mascota en algún momento de su vida.
Esto no es fruto de una moda pasajera. A pesar de que el actual estado de bienestar, puede haber concedido a la mascota un lugar destacado a nuestro lado, su presencia e influencia está arraigada a nuestra propia evolución como especie.
En 1984, Edward O. Wilson, biólogo de Harvard, creador del campo de la sociobiología, propuso una nueva hipótesis, la biofilia. Esto sugiere que como consecuencia de la evolución, conjuntamente con otras especies, los humanos han desarrollado una atracción de carácter biológico por la naturaleza en todas sus manifestaciones, una tendencia a “asignar valor e importancia al mundo natural” (Kellert, 1997,).
La biofilia apareció gracias a las ventajas adaptativas que proporcionaba. La información proporcionada por los animales y el entorno natural fue el medio en el que evolucionaron los seres humanos y como consecuencia de ello, los humanos tienden a adaptarse selectivamente a la presencia y a la conducta de los animales.
Como ejemplo evolutivo, la adaptación del homo sapiens al comportamiento de los animales favorecía el uso de estos como centinelas, ya que facilitaban información sobre el entorno, dependiendo su supervivencia de las señales de alerta y de la observación cuidadosa de la vida animal. La conducta de los animales se convirtió en un sistema de seguridad y peligro. De la misma manera, la presencia tranquila y amistosa de los animales se asoció con la seguridad y con un sentimiento inducido de relajación en los humanos (Katcher & Wilkins, 1993).
Esta seguridad percibida es una necesidad básica desde la primera etapa del ciclo vital de un ser humano. Eric Erikson lo definió como “confianza básica”. John Bowlby lo llamó “sensación de seguridad” y Maslow habló de la necesidad de supervivencia como la más básica dentro de una jerarquía de necesidades (Gail F. Melson).
Existen diferentes estudios que demuestran la relación entre los niños y los animales en situaciones negativas emocionalmente. Por ejemplo en un estudio realizado en Alemania, el 79% de los estudiantes de cuarto grado manifestaron que buscaban la compañía de sus animales de compañía cuando estaban tristes (Rost & Hartmann, 1994). En Michigan, en un estudio realizado en adolescentes de entre 10 y 14 años, el 75% buscaban a sus animales de compañía cuando estaban muy preocupados (Covert et al., 1985). Cuando se pregunto a niños de 5 años de edad, a quién acudían cuando estaban tristes, asustados o enfadados un 42% mencionó a su mascota (Melson et al., 1998).
Kellert (1997) describe la biofilia como una tendencia innata modelada por el aprendizaje, la cultura y la experiencia. La biofilia no es sinónimo de amor o de una atención positiva hacia los animales, sino de interés intrínseco.
Gail F. Melson, (Purdue University, Indiana). Explora, desde la perspectiva de la biofilia, el desarrollo de dos aspectos de la inteligencia emocional: El desarrollo de las ideas de la teoría de la mente y el desarrollo de la comprensión no verbal.
La teoría de la mente abarca ideas sobre los estados mentales y sus relaciones con los sentimientos y las acciones. El ser humano aprende en un estadio temprano de su ciclo vital a diferenciar “objetos” mentales como las ideas o los sueños, de los objetos físicos, y que las acciones son motivadas por intenciones que no se ven (Meltzoff, 1995; Wellman, 1990).
El desarrollo de una teoría mental precisa es esencial para vivir en un universo social ordenado, en el que nuestra propia conducta y la de los demás devienen transparentes para nosotros. Comparadas con las conductas humanas, las conductas animales ofrecen datos auténticos y puros acerca de los estados mentales, desprovistos de todo tipo de apariencia, metáfora, engaño o ironía.
Goleman (1995) describe la inteligencia emocional como un conjunto de habilidades sociales y de autoconcepto que incluyen el reconocimiento y el manejo de los sentimientos y estados mentales propios y ajenos.
Un componente central de la inteligencia emocional es el desarrollo de habilidades no verbales. El analfabetismo no verbal provoca la falta de capacidad para interpretar los comportamientos de los demás, mostrando dificultad en la comunicación al utilizar comportamientos inapropiados o indescifrables (Rourke, 1989).
Las evidencias muestran que los niños que tienen contacto con mascotas muestran mayor comprensión emocional que los niños poco implicados con ellas, desarrollando los primeros mayor empatía hacia otras personas (Bryant, 1986).

En “un análisis histórico del valor de las relaciones persona-animal”, James A. Serpell, hace un repaso sobre como han sido percibidos los animales en su relación con el ser humano y su contribución al mantenimiento y mejora de la salud. Afirma que las características precisas del papel de los animales dependen de diferentes sistemas de creencias, de los cuales probablemente, el más arcaico sea el animismo.
El animismo implica el concepto de que todas las criaturas vivientes están dotadas de un alma o espíritu y que todas las enfermedades son consecuencia de las agresiones sufridas por el alma. Las relaciones con los animales variaban según las diferentes culturas, pero en todas ellas se concedía a los animales un lugar predominante, se les atribuían poderes espirituales (Benedict, 1929; Landes, 1968). En otras culturas se cree en la existencia de “almas animales” o chanul, que son asignadas a cada persona al nacer y que comparten con ella cada circunstancia vivida. Los mayas creen que la mayoría de las enfermedades son consecuencia de una herida infligida al chanul de la persona enferma. La tenacidad de estas ideas es evidente a pesar de la influencia de otros sistemas de creencias (Gossen, 1996).
La conexión con el animismo es muy notable en culturas del periodo preclásico. En el antiguo Egipto, la representación de sus dioses conjugaba la figura humana junto a la figura animal. En estas culturas la relación entre la salud y los animales se hace notoria a través de la representación de sus deidades, así ocurría en el antiguo Egipto con Anubis, o en otras civilizaciones con Gula, la “Gran Médico”, diosa sumeria, o Marduk, deidad de Babilonia y Caldea, dios de la curación y de la reencarnación (Dale-Green, 1996; Schwabe, 1994).
En el periodo clásico, los dioses griegos seguían manteniendo la habilidad chamánica de transformarse en animales, que a su vez desempeñaban un papel central en el culto a los dioses, como por ejemplo a Esculapio, hijo de Apolo, conocido como el dios de la Medicina. En el mausoleo de Esculapio, se proporcionaba como parte de la cura, un ejemplo temprano de terapia asistida por animales. (Dale-Green, 1996; Toynbee, 1973).

Si bien este tipo de creencia se ha mantenido y aún hoy en día es visible, en mayor o menor medida, en algunas culturas, la aparición de otros sistemas de creencias basados en el antropocentrismo y en el monoteísmo prácticamente las relego a un plano marginal.
Sin embargo la creencia acerca de los beneficios que para la salud puede representar el vínculo persona-animal vuelve a tomar fuerza y es en el periodo de la ilustración cuando la idea de que los animales de compañía podían cumplir una función socializadora para los niños y los enfermos ganó muchos adeptos.
John Locke, en 1699, escribe defendiendo la idea de dar a los niños: “perros, ardillas, pájaros o animales similares” para que los cuiden como un medio para que aprendan a mostrar ternura y un sentido de responsabilidad hacia los demás (Locke, 1699, p. 154).
Durante el siglo XVIII, se extendió la idea acerca de la capacidad de reflexión y control que podían adquirir los niños, de sus propias características primitivas innatas, a través del cuidado y control de los animales (Myers, 1998) y a finales de siglo las teorías sobre la influencia socializadora de la compañía animal comienzan a aplicarse en el tratamiento de los enfermos mentales, tomando cada vez más cuerpo el uso de este tipo de intervención y emitiendo informes aconsejando la utilización de los animales para recrear ambientes más placenteros y saludables.
Según un artículo publicado en el Illustrated London News de 1860, la sala de mujeres del Hospital Bethlem estaba “bien iluminada y alegrada con grabados y esculturas, e incluía aviarios y animales de compañía”, mientras que en la sala de hombres el aprecio se manifestaba hacia “pájaros, gatos, ardillas, galgos…..”

También en esta época se reconoce el valor terapéutico de los animales de compañía en el tratamiento de dolencias físicas (Florence Nightingale, 1860).

A pesar del éxito emergente de las intervenciones con animales, la llegada de la medicina científica eliminó a los animales de los entornos hospitalarios, suponiendo de nuevo un retroceso en la aplicación de los beneficios de la relación persona-animal.
Las principales razones aducidas para no realizar programas de T/AAA son cuestiones relativas a infecciones por zoonosis, salud pública y medio ambiente. Curiosamente estos temores nunca se han cumplido y diversos estudios demuestran que el empleo de animales bien cuidados no supone ningún riesgo sanitario adicional, evidenciando que los beneficios superan los pequeños y previsibles riesgos (Anderson et al., 1992; Kale, 1992; Patient´s best, 1992; Waltner-Toews & Ellis, 1994).
Las entidades dedicadas a la implantación de este tipo de intervención, mantienen entre sus estándars una serie de requisitos con el fin de garantizar el control sanitario.

Origen e Historia reciente de la T/AAA.

El uso de animales para ayudar en actividades terapéuticas humanas tiene una larga historia, pero el uso extensivo, documentado y organizado es relativamente nuevo.
Históricamente, los primeros intentos de TAA se realizaron con adultos en entornos hospitalarios, mientras que ahora son más comunes los dedicados a gente joven, ya sea en el hospital o en entornos educativos (Beck, 1985).
Las primeras noticias acerca del uso de los animales como complemento de una intervención en el ámbito de la salud datan del año 1792 en York, Inglaterra. William Tuke creo el Asilo de York, en el cual mediante el uso del refuerzo positivo y la interacción con los animales, conseguían controlar los comportamientos a la vez que despertaban sentimientos de sociabilidad y benevolencia.
En Description of the Retreat (1813), Samuel Tuke, nieto del fundador describe la relación entre los pacientes y los animales.

Bethel, institución fundada en 1867 en la localidad alemana de Bielefield, utiliza animales de compañía, de granja, además de mantener un programa de terapia ecuestre en el tratamiento de sus pacientes.

En Estados Unidos se comenzó a utilizar este tipo de intervención en el Hospital de la Fuerza Aérea del Ejército en Pawling, Nueva York, donde, mediante la interacción con los animales se estimulaba a los pacientes en su recuperación física y psicológica. El programa utilizaba perros, caballos y animales de granja.

Fue en 1953 cuando el psiquiatra Boris Levinson junto a su perro Jingles comenzaron oficialmente lo que hoy es conocido como terapia con animales de compañía, destacando la importancia que tanto para niños como adultos tiene la presencia de un animal de compañía dentro de su entorno terapéutico. Jingles ejercía de poderoso estímulo para algunos de sus pacientes, catalizando emociones, reduciendo el impacto que sobre el paciente puede causar la figura del terapeuta y favoreciendo a través del perro la interacción y comunicación con el terapeuta.

Michael McCulloch, psiquiatra y antiguo vicepresidente de Delta Society fue uno de los primeros profesionales en evaluar la influencia de los animales de compañía en las vidas de sus pacientes. “Veo a los animales de compañía como una ventana abierta a la psicodinámica, como un medio de entender la evolución de muchas cosas del pasado” (Mc Culloch, M. 1984).

Sam y Elizabeth Corson realizaron proyectos durante la década de 1970 en el Hospital de la Universidad Estatal de Ohio y en la clínica Castle de Millersburg, demostrando grandes mejoras en áreas como confianza, responsabilidad o mejora de las relaciones entre los internos y entre estos y el personal del hospital. Trabajaban con pacientes que no habían respondido a ningún otro tipo de terapia tradicional, mediante el contacto con perros y gatos, según lo que fuera más adecuado en cada caso. Se grabaron en video muchas sesiones para permitir el análisis de las interacciones de los pacientes con los animales y los terapeutas humanos. Los análisis mostraron que la mayoría de los pacientes se mostraron menos retraídos, respondiendo a las preguntas del terapeuta más rápido y dando mayores explicaciones (Corson et al., 1977).

Desde los inicios hasta nuestros días se ha avanzado en el estudio, diseño y aplicación de más y mejores técnicas que nos permiten mejorar la calidad de las intervenciones y con ello aumentar también los sectores en los cuales realizar proyectos de intervención.

A día de hoy en España se desarrollan intervenciones de este tipo en ámbitos como el geriátrico, penitenciario, centros de desintoxicación de drogodependientes, centros para adolescentes con problemas (exclusión del sistema educativo, delincuencia), centros para discapacitados físicos y psíquicos (Síndrome de Down, autismo), abriéndose cada día nuevas posibilidades de actuación.

A pesar de ello, aún estamos lejos de alcanzar el nivel de intervención que se da en otros países. En estos países pioneros en Terapias y actividades con animales de compañía, se considera este tipo de intervención como una ciencia, hecho demostrado en estudios publicados en revistas científicas del calibre de JAMA, Journal of Children Adolescent Psychiatry Nursing, Journal of Gerontology Nursing o Journal of Psycosomatic Medicine.

Según Delta Society, organización Internacional sin animo de lucro cuya finalidad es promover la ayuda de los animales para mejorar la salud de las personas, su independencia y su calidad de vida, el número de programas de Terapias con Animales (TAA) en Estados Unidos, se estima en 2000, siendo los programas de psicoterapia y de rehabilitación física los más numerosos.

Los animales poseen cualidades únicas que facilitan, propician y aceleran el proceso terapéutico. Su presencia ayuda a minimizar la percepción negativa que en algunos casos puede tener el paciente hacia el terapeuta y facilita la comunicación médico- paciente.

Ambitos de Intervención.

La puesta en práctica de un programa de T/AAA Puede realizarse dentro de varios contextos.

A. Visitas periódicas, bien sean domiciliarias o institucionales.

* Domiciliarias.

- Ancianos. P.A.L. (Pets are living).
- Enfermos crónicos. P.A.W.S. (Pets are wonderful support.)

* Institucionales.

- Geriátricos.
- Hospitales.
- Psiquiátricos.
- Centros de Rehabilitación. Instituto Guttman. Badalona.
- Instituciones Penitenciarias.
- Centros de educación especial.
- Centros de acogida.

B. Compañía a tiempo completo, con el asesoramiento y asistencia necesarios. Domiciliarias e institucionales.

* Domiciliarias.

- Animal de compañía. Beneficios para la salud, mejoras de su autonomía e independencia.
- Perros de asistencia. Perro guía, perro de servicio, perro señal, perro detector de ataques epilépticos.

* Institucionales.

- Geriátricos.
- Instituciones penitenciarias.
- Granja escuela. Sac Xiroi, (Castellvi de la Marca). Green Chimneys, (Brewster, Nueva York). The Devereux Foundation, (Villanova, Filadelfia).

“Cuando le dices a un chico que se encargue de cuidar un caballo, le estás diciendo que confías en él……..” (Trinidad Barceló, Directora de Sac Xiroi.)

“En las salidas al campo o a centros donde poder observar animales, contemplamos la actuación de los niños. Algunos de ellos manifiestan una primera reacción de tipo violento o agresivo contra los animales: pisar una hormiga, cortar la cola de una lagartija, aprisionar una araña, tirar una piedra a un gato…… pero en la mayoría de las ocasiones resulta fácil reconducir estas actitudes y provocar que frente a los animales broten aquellos instintos más protectores que todos llevamos dentro.”
Fragmento del libro, “Niños y animales de compañía, sí pero….”. (Pilar Canosa y Francisco Minguell).

La posibilidad de observar conductas hacia los animales, la facilidad de modificar algunas de ellas, gracias a la capacidad del animal de provocar ternura, de ofrecer confianza, genera empatía entre ambos, permite crear conductas y mediante el tratamiento generalizarlas a las relaciones sociales entre los seres humanos.

Beneficios de la aplicación de programas de T/AAA.

Los resultados de diversos estudios confirman la hipótesis de que los animales favorecen la salud. La evidencia indica que relacionarse con un animal, no necesariamente propio, conlleva efectos tranquilizadores (Katcher, 1981; Baun et al., 1984; Wilson, 1987, 1991; Harris et al. 1993) y reducciones de la depresión (Folse et al., 1994)

Beneficios fisiológicos. Los estudios realizados demuestran la relación existente entre la tenencia de un animal de compañía y la salud cardiovascular.
En un estudio realizado con pacientes ingresados en rehabilitación tras haber sufrido problemas graves de corazón (Infarto de miocardio, ataque al corazón, angina de pecho), la presencia de una mascota se asoció a un incremento en la esperanza de vida. La supervivencia, un año después de ser dados de alta, fue mayor en el grupo de los que tenían un animal de compañía frente a los que no lo tenían. En el primer grupo se registro un 5,7% de fallecimientos por un 28,2% del segundo. (Friedmann et al., 1980).
El estudio fue repetido y ampliado (Friedmann & Thomas, 1995) otorgando a los propietarios de perros una probabilidad de supervivencia 8,6 veces superior al grupo que carecía de perro.

Beneficios psicológicos. Boris Levinson, doctor en Psicología y pionero en el desarrollo de programas de T/AAA, anotó en sus trabajos los efectos beneficiosos que ofrecía la presencia de los animales sobre la atenuación de traumatismos emocionales, la regulación de las emociones y el desarrollo de una buena salud mental. (Levinson, 1962, 1969, 1972).
Los animales de compañía son una fuente ilimitada de amor, afecto y compañerismo incondicional.
La presencia de un animal de compañía proporciona seguridad de forma natural, provoca automáticamente una sensación de seguridad en nuestras mentes. Podemos sentir seguridad con otros seres humanos, pero a diferencia de los animales, ellos previamente han debido ganarse nuestra confianza.
Proporcionan intimidad, les confiamos nuestros sentimientos libremente, en cualquier momento, ellos siempre están disponibles, atentos a escuchar, dispuestos a jugar, a ser acariciados.

Beneficios psicosociales. Aunque las relaciones positivas con los animales propician un aumento de la calidad de vida de las personas en muchas situaciones, los efectos beneficiosos de los animales de compañía en el ámbito psicosocial pueden ser apreciados y medidos más fácilmente con individuos psicológicamente vulnerables. (Lynette A. Hart, 2000).
La soledad, la falta de compañía, la depresión y la falta de apoyo social son serios factores de riesgo que pueden dañar el bienestar de una persona.
Los animales provocan un efecto amortiguador ante la adversidad (Siegel, 1993) y contra el estrés (Thoits, 1982; Siegel, 1993)
La ausencia de una red de apoyo de compañía social es una de las principales causas que conducen a la depresión, el estrés, la supresión del sistema inmune y varias enfermedades (Serpell, 1986/ 1996).
Los animales producen un efecto socializador en las personas estimulando a la persona, evitando el aislamiento, favoreciendo el contacto social, el inicio de conversaciones o el intercambio de experiencias. Este efecto es especialmente destacado en personas con algún tipo de discapacidad, para las cuales la tenencia de un perro de asistencia les provee de un amigo fiel, siempre dispuesto a escuchar, sin prejuicios, otorgando un apoyo psicológico que elimina barreras, normaliza el entorno y aumenta la interacción de la persona dentro de su comunidad. Un estudio entre usuarios de perros de servicio revela que la mejora de las relaciones sociales, del apoyo social, o la relación afectuosa se correlacionan con la percepción que el sujeto tenía de su propia salud (Lane et al., 1998)

Beneficios socioeducativos. Adquisición de hábitos (higiene, educación, responsabilidad en el cuidado de otro ser vivo). Adquisición de características sociales mediante el desarrollo de la empatía hacia otros seres vivos en una fase de desarrollo temprano.

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Delta Society, es una organización creada en Estados Unidos y dedicada a la realización de proyectos de Terapias Asistidas por Animales (TAA).
Fue fundada en 1977 y en ella formaban parte diferentes profesionales de la medicina tanto humana como veterinaria, siendo su primer presidente el Dr. Michael J. Mc Culloch (psiquiatra).
Delta Society, es considerada una referencia a nivel mundial para todas las organizaciones que de una u otra forma realizan proyectos en el ámbito de las relaciones entre el ser humano y los animales. Personal de su organización se desplaza por diferentes países del mundo testando y certificando la capacitación del binomio perro-guía para su participación en proyectos de TAA.
www.deltasociety.org


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