GRANDES PERROS Y SUS GRANDES HISTORIAS

Muchos han sido los perros que han protagonizado grandes historias a lo largo del tiempo. Historias de coraje, de cine, de aventuras, maltratados, etc. Todas ellas historias que nos recuerdan que ellos también pueden ser protagonistas en este mundo que compartimos. Y no siempre llevándose los laureles del vencedor. En esta sección os contaremos interesantes historias de muchos de aquellos perros cuyas existencias no han pasado inadvertidas. Esperamos que disfrutéis descubriendo a todos estos maravillosos seres.

BARRY

Barry es el nombre del perro de raza San Bernardo más famoso de la historia. Entre 1800 y 1812 vivió en el Hospicio de San Bernardo, ubicado en el paso homónimo, en Suiza. Allí ayudaba a los monjes del Hospicio, auxiliando viajeros y peregrinos extraviados, aportando su notable desenvolvimiento en la nieve y sentido de orientación.
Su fama se debe a una leyenda iniciada presumiblemente a fines de 1860, que da cuenta del heroico rescate de 40 viajeros perdidos, hasta que el último de ellos lo confunde con un lobo y le da muerte. Aunque esta historia es falsa, ha sido reproducida por decenas de libros y revistas, contribuyendo a acrecentar notablemente la fama de los San Bernardo.
En 1812 un monje lo lleva a la ciudad de Berna, donde muere en 1814. Su cuerpo embalsamado se encuentra expuesto en la entrada del Naturhistorisches Museum der Burgergemeinde (Museo de Historia Natural de Berna – Suiza). En la localidad de Asnière, cerca de París (Francia), un monumento inmortaliza la imagen de Barry, al pie del cual se puede leer la siguiente inscripción: “Il sauva la vie à 40 personnes. Il fut tué par le 41ème” (El salvó la vida de 40 personas, fue muerto por la número 41).



OWNEY, el viajero



Owney subido al tren.

Una fría mañana de hace 120 años atrás, en la oficina postal de Albany, New york, los trabajadores que se encontraban catalogando las bolsas del correo hallarían un paquete muy particular. No era una carta, ni mucho menos una encomienda, sino que se trataba de un cachorro que, por alguna razón desconocida, terminó durmiendo en medio de una pila de bolsas de correo ferroviario.
Owney sería llamado, y se criaría entre paquetes y bolas con sobres y notas. Rápidamente descubría que los trenes eran un excelente refugio al frío neoyorquino. Refugio que, curiosamente, siempre lo hacía despertar en un lugar distinto del que se había ido a dormir. No obstante, no importaba cuan lejos terminase de la oficina en Albany. Owney siempre encontraba el camino de vuelta. Viendo esto, los trabajadores decidieron ponerle un collar y una chapa identificatoria.
Pasarían los años y los cientos de viajes y prontamente la historia del “perro de la suerte”, título que obtuvo ya que ninguno de los trenes en los cuales viajó sufrió accidentes o atracos, correría por todas las estaciones. Eventualmente se haría costumbre el ponerle una medalla o etiqueta de correo indicando el lugar por el que había andado en su travesía. Tarea simple gracias a su carácter amistoso y festivo.

Sin embargo, sus aventuras no sólo se confinarían a los trenes ni al territorio de los Estados Unidos, sino que llegaría subirse en barcos a vapor y, junto al correo internacional, llegaría a conocer Asia y Europa. Siempre siendo enviado de nuevo a su hogar gracias a su medalla indicándolo como “Propiedad de la oficina postal de Albany”.
Owney acumularía durante 11 años de aventuras alrededor de 1017 medallas, estampillas y otras identificaciones que marcaban la infinidad de destinos a los que sus patas habían tocado suelo. Incluso, hasta sería filmado y fotografiado. Su muerte llegaría en 1897 a causa de una herida de bala. “Accidente” del que nadie nunca supo el verdadero por qué. En la foto le vemos ya viejo y casi sin vista.

Actualmente el cuerpo embalsamado de Owney se halla expuesto en el National Postal Museum. Junto a él se pueden ver sus medallas, cartas y notas recibidas a lo largo de su vida.



MÁLCHIK, un perro abandonado.

En 2007 se colocó en el metro de Moscú un monumento a un perro al que llamaban Málchik (Niño). La obra del escultor Alexander Tsigal y el arquitecto Andréi Nalich, titulada “Compasión”, fue instalado en un paso subterráneo junto al vestíbulo de la estación Mendeléievskaya, donde hace varios años fue apuñalado un perro callejero que era mascota de los empleados del metro. Málchik vivió alrededor de tres años en un paso subterráneo y los trabajadores del metro le daban de comer y lo querían por su carácter cariñoso. La situación económica nada fácil que vivía el país llevó a que en las calles capitalinas apareciesen infinidad de perros abandonados por sus dueños. (En el presupuesto de Moscú de 2006, para la regulación de la populación de los animales, es decir para la castración, se asignan 74 millones de rublos).Lo de tener perro en casa es casi un lujo actualmente. El “Niño” no tuvo suerte.Aquel día él topó con una modelo, Juliana R., que estaba paseando con su terrier de Staffordshire. Al ver al mostrenco, ella empezó a azuzar al terrier, para que lo hiciera retirarse. Pero sucedió lo imprevisto. El “Niño” supo defenderse, y obligó a retirarse al can elitista.Entonces la modelo enfurecida sacó de su elegante mochila un cuchillo y lo clavó en el cuerpo del Chico ante los transeúntes. Éstos enseguida se abalanzaron sobre ella, quitándole el cuchillo. Pero no pudieron salvar al perro. Ese bárbaro acto dejó atónitos a los moscovitas.Baste con visitar el sitio de Internet dedicado al “Niño” y leer sus comentarios.Se emprendieron intentos de correr un velo sobre el conflicto. La modelo tenía que hacer un viaje a Italia. Pero el asunto llegó a los tribunales. La comisión de peritos dictaminó que ella tuvo una perturbación mental. Actualmente, R. está pasando tratamiento en un hospital psiquiátrico. Los moscovitas protestan contra el trato cruel a los animales. Un grupo de personas conocidas dirigió una carta al jefe del metropolitano de Moscú, Dmitri Gaev, proponiendo colocar un monumento al “Niño” para simbolizar el respeto hacia los animales callejeros. Gaev lo aceptó. La escultura, que representa a Málchik, fue financiada con donaciones de particulares tanto de Rusia como del extranjero.
Según cinólogos, en Moscú hay más de cien mil perros abandonados. Entre esa masa de animales, que se ven obligados a librar una dura lucha para sobrevivir, han surgido unos ejemplares muy inteligentes.A este fenómeno fue dedicada una rueda de prensa en la que intervino el zoopsicólogo Andrei Neuronov, quien informó que entre los perros errantes han aparecido unos vagabundos solitarios, mucho más inteligentes que sus hermanos. Según él, esa élite canina ha aprendido a utilizar el metropolitano. Al colarse ante las narices de los controladores, ellos bajan sin temor por la escalera mecánica hasta el andén, escogen la dirección que les conviene, entran en el vagón y – lo más sorprendente – van hasta una determinada estación. En la mayoría de los casos son aquellas estaciones donde se ubican grandes mercados urbanos: VDNJ, Cherkísovskaya y Sportivnaya, donde siempre se encontrará algo qué comer. También a los canes les gustan las terminales. Para ir allá ellos también utilizan tranvías y trolebuses. Los perros intelectuales conocen Moscú al dedillo.
El pueblo ruso tiene un chiste malo que dice: pegando a la liebre durante mucho tiempo, se le enseña a encender fósforos.
Moscú ya lo ha enseñado a los perros, lamentablemente.



TRAKR, un gran perro de rescate


Trakr, un ejemplar de pastor alemán, fue uno de los primeros perros de rescate que llegó a la ‘Zona Cero’, junto a su dueño, tras el atentado contra las Torres Gemelas, sucedido en Nueva York el 11 de septiembre de 2001.
Aquel día, este perro ayudó a localizar supervivientes enterrados bajos los escombros de las Torres Gemelas, a 10 metros de profundidad.
El pastor alemán Trakr, que localizó supervivientes tras el atentado del 11-S en Nueva York, será clonado en Corea del Sur
Ahora, Trakr, que ya tiene 15 años de edad y vive en Los Angeles, ya no puede trabajar porque sufre una enfermedad neurológica degenerativa en las patas traseras, causada por la inhalación de gases tóxicos durante el 11-S.
Pero, ha ganado un concurso organizado por una empresa de biotecnología, cuyo premio consiste en clonar gratis al perro del mundo que más se lo merezca.
En noviembre de 2008, nació en Corea de Sur un perro fruto de la clonación de Trakr.


La historia de HACHIKO

Hachiko nació en Noviembre de 1923 en la prefectura de Odate, provincia de Akita al norte de Japón. Era un perro de raza Akita, macho y de un intenso color blanco.



Foto real de Hachiko en 1953

Los perros de Akita son muy famosos en Japón. Son de tamaño mediano a grande, de un color generalmente marrón dorado, aunque los hay blancos, negros y otros colores, tienen orejas puntiagudas y cara angulosa con expresión inteligente. Son bien conocidos por su lealtad.
A los 2 meses de edad, Hachiko fue adoptado por el profesor del departamento de Agricultura de la Universidad de Tokio, Dr. Eisaburo Ueno. El profesor lo llevó a su hogar situado cerca de la estación Shibuya, y allí demostró ser un bondadoso y amable dueño. El perro por su parte lo adoraba.
Desde luego, Hachiko no podía acompañar a su amo hasta la universidad. Pero lo que sí hacía era dejar la casa todas las mañanas para acompañar al profesor hasta la estación de Trenes de Shibuya.
Hachiko observaba como su dueño compraba el boleto y luego desaparecía entre la multitud que abordaba el tren. Más tarde, Hachiko acostumbraba a sentarse en la pequeña plaza y esperaba allí a su dueño quien regresaba de su trabajo por la tarde.
Esto sucedía todos los días. El profesor y su perro se volvieron populares en la estación Shibuya y la historia de la lealtad de este animal se diseminó por los alrededores con mucha facilidad. Las personas que transitaban por Shibuya siempre comentaban este hecho y pasaban a saludar a Hachiko.
Una tragedia irrumpió la tarde del 21 de mayo de 1925. La salud de profesor no era muy buena en esos días y repentinamente sufrió una ataque cardíaco en la universidad. Él falleció antes de poder regresar a casa. En Shibuya, el perro seguía esperando a su dueño en la estación.
Muy pronto las noticias sobre la repentina muerte del profesor alcanzaron Shibuya. Inmediatamente muchas personas pensaron en el pobre perro que lo había acompañado todos los días. Varios tuvieron la misma actitud y fueron a la pequeña plaza para convencer al perro de que volviera a su hogar, como si él pudiera comprenderlos.
A la mañana siguiente Hachiko fue visto enfrente de la estación, esperando a su amo. Aguardó todo el día en vano. Al día siguiente estaba allí nuevamente y así sucedía día tras día. Los días se volvieron semanas, las semanas meses, los meses años y aún así, el perro iba cada mañana a la estación, espera el día entero y al llegar la hora de regreso de su amo, buscaba entre todos esos rostros extraños a aquel que amaba. No tenía en cuenta las condiciones climáticas, lluvia, sol, viento y nieve no impedían su diario peregrinar al encuentro de su amo, la lealtad hacia su amigo humano nunca pereció.
La lealtad demostrada por Hachiko tuvo un extraordinario efecto entre los japoneses pobladores de Shibuya. Él se transformó en un héroe, la figura más amada del área. Los viajantes que se ausentaban por un largo período siempre preguntaban por él a su regreso. Así pasaron 9 años.

En el mes de abril de 1934 los bondadosos habitantes de Shibuya contrataron a Teru (Shou) Ando, un famoso escultor japonés, para que realizara una estatua en honor a Hachiko. El escultor estuvo encantado de realizar ese trabajo y la estatua de bronce
fue colocada enfrente
de la estación, donde solía esperar Hachiko.Casi un año más tarde, el 7 de marzo de 1935 Hachiko falleció al pie de su propia estatua debido a su edad, pero eso no impidió que su historia y la estatua de Teru Ando se hicieran famosas por todo Japón.
Durante la guerra todas las estatuas fueron fundidas para la elaboración de armamento, la de Hachiko no escapó de esa suerte y lamentablemente el escultor fue asesinado. Pero los pobladores de Shibuya continuaban recordando a Hachiko y su mensaje de lealtad. Así fue como decidieron formar una Sociedad para el reemplazo de la estatua de Hachiko, y dicha sociedad contrató al hijo
de Teru Ando, Takeshi Ando, quién también era un excelente escultor.
Hoy en día, la exquisita estatua de Hachiko permanece en el medio de la plaza enfrente de la estación Shibuya. Podemos encontrar alrededor de ella fuentes, puestos de diarios y revistas y personas sonrientes contándoles la historia de Hachiko a los pequeño y a los turistas. El 8 de abril de cada año se conmemora a Hachiko en la plaza frente a la estación de trenes de Shibuya.

Los restos de Chuken Hachiko (en japonés el leal perro Hachiko) descansan junto a los de su amo el Dr. Eusaburo Ueno, en una esquina de la sepultura de su dueño, en el Cementerio de Aoyama, Minmi-Aoyama, Minato-Ku, Tokio.

Foto de los restos recuperados y disecados de Hachiko en el National Science Museum en Ueno. En 1987 se estrenó una película en homenaje a Hachiko que llevaba por nombre “Hachiko monogatari”.


El ladrido de Hachiko

En 1994, la estación de radio de Japón, Culture Broadcasting Network (CBN) fue capaz de encontrar una cinta con la grabación del ladrido de Hachiko. La cinta lamentablemente estaba dañada y rota en varios pedazos. La cadena invirtió en recuperar la cinta y reconstruirla. Tuvieron éxito y luego de 59 años de la muerte de Hachiko, transmitieron nuevamente su ladrido por la radio. Millones de personas sintonizaron para escuchar a Hachiko, lo cual fue una gran muestra de la continua y perpetua popularidad que tiene este gran perro.


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